A cuenta gotas, son cada vez más los datos que salen a la luz sobre el crédito privado en EEUU (PE, por sus siglas en inglés) que dan cuenta de que algo malo ocurrió, y sigue ocurriendo, en el sector. Si bien entre los expertos aún no se ponen de acuerdo sobre cuál fue el disparador, si la especulación en torno al boom de la IA o el crecimiento desigual de la economía norteamericana, sí existe un consenso: las turbulencias continuarán, al menos, durante el primer semestre de 2026.
Durante los últimos días se conoció que los fondos de deuda gestionados por empresas de calibre como Blackstone, BlackRock, Cliffwater, Morgan Stanley y Monroe Capital recibieron pedidos para retirar más de u$s10.000 millones durante el trimestre en curso. Ante ello, las firmas decidieron aplicar un «corralito» y devolver alrededor del 70% de este total, según reveló el Financial Times.
Por su parte, desde Fortune subrayaron que a partir de septiembre del año pasado se produjo una caída histórica en las cotizaciones de las principales empresas del sector: Apollo bajó 41%, Blackstone 46%, Ares y KKR 48%, mientras que Blue Owl se desplomó 66%. Se trató de una debacle que eliminó más de u$s265.000 millones en capitalización bursátil. Se trata de fondos que otorgan préstamos privados por fuera de los mercados tradicionales y es un segmento que creció con fuerza en el último tiempo.
Existe otro dato publicado por la prensa norteamericana que puede explicar, parcialmente, esas caídas. El porcentaje de empresas que se vieron obligadas a aceptar condiciones crediticias adicionales inesperadas a mitad de la vigencia de sus acuerdos, cifra popularmente conocida como «tasa de default encubierto», aumentó del 2,5% al 6,4% durante 2025, según un análisis de Lincoln International.
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A diferencia del crédito tradicional, el crédito privado en EEUU no es público. Sus condiciones solo son conocidas por las partes firmantes del acuerdo.
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En busca de un culpable
«Creo que el ‘private equity’ no es para todos los inversionistas, muchos colegas lo vendieron agresivamente como una solución de inversión para el credito retail y no es lo más conveniente», argumentó a Ámbito un inversor que se desempeña en EEUU y que prefirió no revelar su nombre. Se trataría, desde su perspectiva, en un miedo que comenzó a circular entre los inversores minoristas, pero que no tiene llegada al capital institucional.
En este sentido, un informe publicado por J.P. Morgan la semana pasada afirmó que «las elevadas solicitudes de reembolso parecen estar más influenciadas por el sentimiento del mercado que por los fundamentos«. Los analistas de la institución financiera argumentaron que «parte del aumento en los reembolsos está relacionado con la toma de ganancias después de casi 3 años de un rendimiento significativamente superior».
Y agregaron que «el capital institucional suele tener una duración mayor y ser menos sensible a los reembolsos, lo que reduce la probabilidad de salidas rápidas de capital, ventas forzadas de activos o restricciones a los fondos durante períodos de tensión en el mercado».
Pese al optimismo, J.P. Morgan anunció el miércoles de la semana pasada que reducirá su exposición al crédito privado, rebajando el valor de los préstamos que el banco mantiene como garantía.
Mientras, la analista de Pepperstone, Dilin Wu, aseguró a Ámbito de que «se trata esencialmente de un ajuste de final de ciclo en un mercado que se expandió muy rápidamente durante la época de tasas de interés bajas, en lugar del inicio de un evento crediticio sistémico».
¿Fue la IA?
Para J.P. Morgan, el escenario actual refleja una confluencia de factores: «El sentimiento negativo derivado de los titulares recientes, la creciente preocupación por los reembolsos y los estándares de concesión de préstamos, y el espectro de la disrupción impulsada por la IA, especialmente dada la enorme exposición del crédito privado al sector del software«.
Sobre este punto, desde Invesco mencionaron «la reciente preocupación en torno a las empresas de software y la amenaza que supone la IA para esos negocios (y su capacidad para pagar los préstamos)».
En consonancia, en un reciente informe de 9Fin, se explicó que «muchas de estas empresas se promocionaban como esenciales y creían que su ventaja competitiva era inexpugnable; ahora esas suposiciones se están poniendo a prueba, al igual que la credibilidad de los inversores y prestamistas que las respaldaron».
Wu, por su parte, ofreció una explicación alternativa: «El factor macroeconómico más relevante es la estructura desigual de la economía estadounidense». Argumentó que «los sectores tecnológico y de grandes empresas se mantienen fuertes», mientras que «las empresas más pequeñas o con mayor apalancamiento —muchas de las cuales dependen del crédito privado— se enfrentan a mayores costes de endeudamiento y condiciones financieras más restrictivas».
Y ahondó: «Los sectores más fuertes de la economía atraen capital, mientras que los segmentos más dependientes del crédito se enfrentan a condiciones de financiación más restrictivas. Esta divergencia es lo que hace que los mercados de crédito privado sean más sensibles a las fluctuaciones de liquidez en la actualidad».
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Tensiones en el horizonte
Si bien los expertos de J.P. Morgan se mostraron escépticos de que el crecimiento del crédito privado suponga un riesgo sistémico para la economía norteamericana, esperan «mayor claridad sobre las solicitudes de reembolso del primer trimestre en las próximas semanas». Y agregaron: «Prevemos que la elevada actividad de reembolsos continuará al menos durante la primera mitad de 2026«.
Wu ofreció un panorama similar, ya que si bien consideró de que «existe riesgo de contagio» dentro del sistema financiero, «es más probable que se contenga que que se convierta en un problema sistémico». Sin embargo, advirtió de que «hay un canal de transmisión que merece atención: la disponibilidad de crédito para las empresas medianas«.
Y desarrolló, en diálogo con este medio: «Muchas de estas empresas dependen en gran medida de prestamistas privados en lugar de bancos tradicionales. Si los prestamistas se vuelven más cautelosos o los costos de financiación aumentan aún más, estas empresas podrían enfrentar condiciones de financiación más restrictivas«.
Desde 9Fin se comentó que el consenso sobre como las entidades de crédito privadas deben gestionar la inestabilidad del capital minorista y recuperar su confianza es con «valoraciones más fiables y periódicas».
Sin embargo, se planteó el siguiente interrogante: «Si el principal atractivo de este mercado es que los fondos realizan transacciones de forma privada y las gestionan de forma privada, y la gestión se vuelve pública porque cualquiera puede ver cómo se valora el préstamo, entonces la única parte privada que queda (aparte del hecho de que la mayoría de los prestatarios de crédito privado no informan públicamente de sus ganancias) es la propia negociación«.
Y sostuvo que «no parece que la demanda de transparencia vaya a disminuir, a menos que el sector decida que ya no quiere el dinero de los inversores minoristas».
