Tenis: la historia de Luana, una chica que no corre tras la pelotita sino tras su destino

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Talento tiene. Cada vez que juega al tenis lo demuestra. Luana Cáceres tiene 16 años y días atrás comenzó una nueva pretemporada en el Jockey Club junto a sus entrenadores de tenis Gonzalo Benzo y Ricardo López bajo la atenta mirada de su preparador físico Alejandro Lacour.

Como cualquier adolescente de su edad podría tener su cabeza puesta en la moda, la música o en las salidas, pero ella está enfocada en el tenis. Está creciendo en su juego, de hecho en 2025 fue reconocida por la Federación Santafesina de Tenis (FST) como una de las jugadoras destacadas de la temporada en la categoría sub-16. No se conforma con eso por lo que está intentando desplegar sus alas e ir tras sus sueños, pero el factor económico influye y como un ancla no le permite que siga evolucionando como debería. Su mayor problema no es perder partidos, sino no poder jugarlos. Aquí su historia.

Luana siempre hizo deportes. Jugaba a la pelota y dicen que lo hacía bastante bien, al punto que muchos chicos de la cuadra la iban a buscar para ponerla en el equipo. El tenis apareció el mismo día que ella festejaba su cumpleaños número nueve, llevada de la mano de una tía y acompañada por un primo. Hasta entonces nadaba en la Barra Olímpica de Arroyo Seco, convencida de que el agua también podía ser su destino. Pero en el club Libertad de General Lagos, de donde es oriunda, pegó los primeros raquetazos con Fredy Medina y ya nada fue igual.

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Celina Mutti Lovera / La Capital

Sin natación por el tenis

A las dos semanas el profesor mandó a llamar a su madre, ya que notó en Luana algo que no se enseñaba: jugaba con una naturalidad impropia de quien toma una raqueta por primera vez. Sin rodeos le pidió la autorización para ponerla a competir y desde entonces, todo empezó a acelerarse. Dejó la natación porque los horarios no perdonan los sueños dobles, y se quedó con el tenis porque ahí, dentro de la cancha, no dependía de nadie más que de sí misma. Al principio tomó el tenis como algo lúdico, recreativo, una excusa para correr y reírse, pero la competencia le fue cambiando la sintonía. Ganó sus primeros “second chance” y el juego empezó a crecerle por dentro, ocupándole más espacio que los cuadernos y las tareas. El estudio quedó a veces en segundo plano, como esas cosas importantes que esperan.

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El empuje de la familia

Luana empezó a crecer en su juego y la competencia le exigió cada vez más, no solo dentro de la cancha sino también fuera del rectángulo. Ella es la segunda de cinco hermanos (Ludmila, Brunela, Yair y Emilia) miembro de una familia de clase media, cuyos padres Corina y Ezequiel hacen lo imposible para que su hija pueda alcanzar su sueño sin desantender al resto de la tropa. Son muchos, y los recursos pocos, pero el esfuerzo (esos malabares silenciosos que muchas veces hacen los padres) tiene una forma concreta: que Luana pueda seguir. Así cada viaje se convirtió (y lo sigue siendo) en una hazaña colectiva: el padre haciendo horas extras, la madre vendiendo empanadas y tíos y abuelos poniéndose a disposición para lo que fuera. Hasta el momento son sus únicos patrocinadores y Luana carga con ese esfuerzo como con una segunda raqueta, más pesada que la primera. Mientras tanto, su nombre aparecía y desaparecía de las listas de competencia como un fantasma. Va a los torneos que puede porque sin sponsors su panorama se presenta complicado. De hecho le propusieron ir a jugar a Mar del Plata y no llegaron con el dinero. La cifra por asistir a cualquier torneo son altas y sin sponsors el panorama se presenta complicado. Por lo costoso Luana nunca pudo hacer una gira en toda su carrera deportiva. La Gira Sudamericana para ella no existe. Requiere de mucho dinero y ella no lo tiene. Aún así tuvo una muy buena temporada.

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Luana Cáceres: «Un año positivo»

—¿Qué balance hacés del 2025?

—Algo muy bueno que me pasó fue ir al Sudamericano a Paraguay. Era algo que venía buscando hacía bastante y no se me venía dando. Creo que ese fue un objetivo que me había propuesto y lo pude cumplir. Después, lamentablemente por poco, no fuimos al Mundial. Pero gané un J30, que era un torneo ITF que no esperaba ganarlo. Había participado en algunos torneos, pero no jugué tanto tampoco como para pensar en ganarlo. Enfrenté a jugadoras que están jugando mucho más que yo y están metidas arriba en el ranking y creo que no desentoné, y eso es algo que valoro mucho. Fue un año dentro de todo positivo.

Luana también puso su parte de sacrificio. En 2025, el auto familiar se rompió. No hubo dinero para arreglarlo, y entonces empezó a viajar sola en ómnibus a Rosario para entrenar. Nunca antes había hecho algo así, apenas si había ido en colectivo al pueblo de al lado. Tampoco tenía celular. La primera vez le dieron coordenadas dichas de memoria, como se dan las direcciones importantes: “bajate acá, caminá derecho, no te pierdas”. Y llegó. Viajaba horas que no figuraban en ningún plan de entrenamiento. Horas que desgastan el cuerpo y alargan los días.

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Nadie sabía de ella durante el viaje. En el centro de Rosario la esperaba su profesor, quien le avisaba a su madre que había llegado para que su mundo vuelva a ordenarse. Luana no era una chica de salir. Su vida era un ir y venir entre casa y entrenamientos, antes siempre en auto, ahora a puro colectivo. El cambio fue durísimo.

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Celina Mutti Lovera / La Capital

«Me encanta competir»

—¿Qué es lo que más te gusta del tenis?

—Viajar, conocer y competir. Me encanta, competir y lo disfruto mucho porque, sinceramente, entreno mucho y compito poco. Entonces cuando voy, lo vivo de una manera distinta.

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—¿Sos muy autoexigente?

—Me autoexijo cuando sé que puedo dar más y no lo estoy dando. Me pasa en algunos partidos, pero enseguida trato de que la cabeza me haga un clic, pensando en el sacrificio que hace mi familia para que yo pueda jugar y en el mío propio con la dedicación de cada día. También lo hago por mí, para no quedarme con esa fea sensación de no haberlo dado todo, con esa angustia de saber que dejé pasar una oportunidad.

«Rendía libre»

—¿Cómo te organizás con el tema de la escuela?

—En ese sentido estoy un poco más complicada. Generalmente rendía libre y en diciembre sacaba las materias para poder empezar a hacer bien las pretemporadas, pero en el 2025 se me complicó.

—¿Cuál es tu mejor golpe?

—La derecha, aunque estoy mejorando mucho el revés, está siendo más consistente. Con la derecha hago daño pero creo que no estoy tan despareja en los otros golpes.

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«Roger Federer es mi ídolo»

—¿Tenés algún ídolo?

—Roger Federer… me encanta. Su estilo de juego es muy lindo, es hermoso verlo jugar. Jugaba y no se le movía un pelo. En ese sentido creo que me parezco: mis profesores siempre me pidieron que demuestre un poquito más dentro de la cancha. Porque ganaba un punto y nada, lo perdía y nada…, no sabían si iba ganando o perdiendo, siempre la misma postura. Inmutable.

— Ahora, ¿dónde están puestas las metas para este año?

—Va a depender de cómo termine la pretemporada, pero será en jugar W15, W30. La idea es meterme a jugar más de manera profesional y mecharlos con J100 y los ITF. Quiero ir metiéndome de a poco, empezar a jugar esos torneos donde me voy a enfrentar con chicas que no me enfrenté nunca.

Doble turno

Hoy Luana está en plena pretemporada. Doble turno todos los días menos los lunes, cuando el Jockey cierra y el cuerpo agradece. De 8 a 12 y de 14.30 a 18, como un trabajo que no paga en dinero pero sí en futuro. Entrena mucho y compite poco, y ella quiere revertir eso. Días atrás recibió un correo donde le comunicaban que la convocaban para una pre-selección para ir a un Sudamericano en Panamá, lista en la que están entre otros Sol Larraya Guidi, Dante Pagani, Sofía Meabe y Carla Markus (de hecho de la Federación Santafesina es la única mujer convocada), pero para sumar puntos para esa preselección tiene que empezar a jugar y ya, porque es en abril y suma puntos ITF. Esto hace pensar que ella ya no corre detrás de la pelota, sino detrás de un destino que se le escapa por razones ajenas a su voluntad.

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