Son el bueno y el malo de la película. Bueno, a estas alturas, el bueno y el malo de las películas, o de la saga de Avatar, que con los 1.231 millones de dólares recaudados por Avatar: Fuego y cenizas desde su estreno en todo el mundo en menos de un mes en cartel, tendría prácticamente asegurada su continuidad en dos películas más.
Sam Worthington (nacido en Inglaterra hace 49 años, se crió a una hora de Perth, Australia) y Stephen Lang (neoyorquino, 73 años) son como el yin y el yang en el universo creado por James Cameron, pero también lo son en la vida real.
El yin y el yang: uno albañil, el otro, millonario
Worthington es apagado, seco, se nota que está aquí, sentado en una suite del Hotel Four Seasons en Beverly Hills porque así lo estipula su contrato. A sus reticencias de siempre a hablar, se sumó con el tiempo que, tras el éxito de la primera Avatar (2009) tuvo problemas con el alcohol. Un tema del que mejor no hablar, a riesgo de que se levante y se vaya.
Cuatro datos sobre Sam, poco conocidos. Fue albañil antes de ser actor. Fue finalista para interpretar a James Bond en Casino Royale (2006) antes de que Daniel Craig fuera elegido. Actuó en Avatar (2009) después de que Jake Gyllenhaal y Matt Damon rechazaran el papel. Vivía en su coche cuando fue elegido para el papel principal en Avatar.
Lang proviene de una familia millonaria (su padre fue un destacado filántropo de Nueva York, que ganó millones en el desarrollo tecnológico). Interpretó al coronel Nathan R. Jessep en Broadway en A Few Good Men, antes de que Jack Nicholson lo hiciera en el cine, en Cuestión de honor. Vive en el Norte de Nueva York, y se cree que nunca durmió en un auto, ni siquiera en un confortable Mercedes Benz.
Sam mide 1,75 m, y Stephen, 1,79 m, algo menos que sus respectivos Avatars en la saga.
-¿Alguno de ustedes ha viajado a la Argentina?
Stephen: -No.
Sam: -No, no, desafortunadamente.
A ponerse a pelear en el set
-Cada uno de los filmes de “Avatar” incluye una pelea cuerpo a cuerpo memorable entre ustedes dos, en “El camino del agua”, una incluida bajo el agua. ¿En realidad son ustedes los que luchan o son los actores de riesgo?
Stephen: -Es una combinación de las dos cosas. Hay ciertas cosas que son mejores si los actores de riesgo, los dobles lo hacen, porque probablemente pueden hacerlo mejor que nosotros, y todo se trata de preservar la integridad del personaje.
Pero también hay un número de cosas que… Somos dos tipos bastante físicos, podemos hacer mucha de nuestra propia tarea, pero también hay otras que probablemente no podemos hacer…
-¿Por qué?
Stephen: -Porque no podemos. No quieren que quedemos heridos. Pero igual, hacemos muchas de las escenas de pelea.
¿Qué tiene de bueno James Cameron?
-¿Cuál dirían que es la mayor cualidad de James Cameron?
Sam: -Mirá, ama a los actores. Pienso que la gente ve a él como un director técnico, y un director innovador. Pero ama la actuación.
Pienso que puede hacer el trabajo de todos los demás mejor que ellos. Y el actor sigue siendo este misterioso tipo de “cosa” que se transporta cuando te mira. Y con el proceso que hacemos, puede hacer todo lo técnico después, y captura la esencia del acto, pasando de aquí donde estás a dónde estás, ¿se entiende? Y confiamos en el otro, confiamos que lo está disfrutando, y nos lo dirá si no lo está, y usa a sus actores para pintar y contar su historia.
Stephen: -Si tuviera que elegir una cualidad que sea excelente en James, probablemente sería su curiosidad. No creo que haya conocido a nadie que sea tan curioso por todo, como es James. Él quiere… Es un estudiante maravilloso de la vida, me parece. Y eso es lo que lo hace un buen maestro y director.
-¿Creen que la saga de “Avatar” es una suerte de crítica sobre el colonialismo?
Sam: -Creo que es… Creo que James usa su arte para expresar lo que siente sobre el mundo, y la empatía que tiene por este mundo. Ahora, si eso implica un tema ambiental, o el colonialismo, o cómo la historia se repite, el estado del mundo en el que está, o los avances tecnológicos que nos pueden superar, él usa esta dinámica familiar para explorar todas esas cosas. En el centro es la esencia de una historia de amor, que se convierte en este dinámico familiar, o familias que se eligen, o familias que se nacen, y cuáles son sus días complejos. Y luego está el mundo fuera de eso, que son todas esas cosas que James gusta explorar.
Personajes complejos
-Stephen, en Miles Quaritch veo algunos signos, señales de bondad, pocos, pero significativos. ¿Cómo construiste un personaje tan complejo?
-Bueno, hubo una gran cantidad de discusiones con Jim, porque cuando volvés la vista a la tabla de dibujos, Quaritch es una manifestación de Cameron también. Y he sido capaz de… Él me ha confiado el trabajo de hacer, de darle sangre, de darle alma, de darle vida a Quaritch. Y yo solo creo que lo necesario en una escena, lo crucial… Mirá: creo que una de las preguntas que me haría continuamente es: ¿Qué necesito? ¿Qué necesito en esta escena? ¿Qué necesito de este personaje? ¿Qué necesito expresar? ¿Necesito sentarme? ¿Necesito una bebida? ¿Necesito golpearlo? ¿Necesito decirte que te amo? Todo se trata de necesidad. Ese es un hecho fundamental del actuar, desde mi punto de vista, y así es como me aproximo a Quaritch.
-¿Cómo viste la evolución de Jake, tu personaje, desde el principio en la primera “Avatar” hasta ahora?
Sam: -Es una evolución masiva. Cuando primero fue a Pandora, él era un joven que buscaba encontrar una dirección en su vida. Lo encontró en la belleza de este clan. Y ahora está luchando por eso. Creo que en este filme, Jake está luchando por el peso de ese destino y la cantidad de sangre que, si lo abrazaba, podría llegar a derramarse. Esta es una historia de subir y avanzar en el papel al que sos destinado a ser, ya sea Lo’ak (su segundo hijo) siendo el líder que está destinado a ser, o Jake abrazando su papel como líder de los clanes para empujar a este planeta a otra era. Así que cuanto más profundizamos con estos personajes, más complejos e interesantes serán sus viajes.
-Vengo de la Argentina, has trabajado con un cineasta de Uruguay, Fede Alvarez, en «No respires». ¿Cuáles son recuerdos de aquel rodaje?
Stephen: -¡Sí! Me gustó trabajar con Fede Alvarez. Espero trabajar con él de nuevo. Es un director muy talentoso. Fue un proyecto muy desafiante. Siempre lo recordaré con amor. Espero volverlo a ver algún día.
-¿Aún hoy, a tus 73 años, te mantenés haciendo ejercicio?
Stephen: -Sí. Lo único que tengo de talento es quedarme en pie (se ríe).
-Porque para “Avatar 4”, tal vez, no lo sé, no quiero que hagan spoilers, pero ¿de nuevo tenés que pelear con este tipo?
Stephen: -No lo sé. Vamos a ver. Quizá salgamos a ver el atardecer juntos. Vamos a ver. Vos viste la película, ya sabés que cualquier conflicto entre nosotros no está resuelto.
Amigos son los amigos
-¿Ustedes se han convertido en amigos?
Stephen: -¿Quién? ¿Querés decir Sam y yo? Sí. Yo nos considero amigos. No puedo hablar por él.
Sam: -Todo el mundo aquí se conoce desde hace 20 años. Es un tiempo largo. Dicen que hay una familia Avatar en el filme. Y hay una familia Avatar… Es que en esta comunidad que tenemos, hay personas que tuvieron hijos, se casaron, se murieron. Es una dinámica interesante cuando se trata de hacer un filme.
-Sos indestructible, ¿no?
Stephen: -No, no tengo Sisu (un concepto y construcción cultural finlandesa, una combinación de estoicismo, tenacidad en un propósito, fuerza de voluntad y resiliencia). No soy indestructible. No, no -se ríe, y Sam lo acompaña.
