En la Rosario de la pospandemia, la presencia de monopatines, bicicletas y motos que no funcionan con combustible sino que se cargan a través de un enchufe domiciliario convencional, crece año a año, lo que se refleja en las estadísticas oficiales y en las calles. Los usuarios son mayormente empleados y profesionales que eligen estos vehículos para cubrir distancias medianas y cortas o como herramienta de trabajo, en especial en horario diurno. Uno de los principales atractivos de la micromovilidad eléctrica es que brinda certeza acerca de los tiempos que insumirá cada desplazamiento, algo difícil de predecir si se utilizan otros medios de transporte y en caso de congestiones y embotellamientos. Además, resulta más económica.
Sólo en materia de monopatines eléctricos, su uso se duplicó desde abril del año pasado a la actualidad, de acuerdo a estudios del Ente de la Movilidad del municipio. Los datos se desprenden del último Censo Ciclista. “En algunos casos, estas formas de movilidad eléctrica individual reemplazan a los medios tradicionales, particularmente al automóvil, al momento de efectuar traslados de menores distancias en zonas de mucho tránsito. Y en otros, son un complemento del resto de los modos, pudiendo combinar más de un medio en el mismo trayecto”, explica la secretaria de Movilidad, Nerina Manganelli.
La funcionaria habla de “dispositivos amigables con el ambiente, ya que no generan emisiones de gases contaminantes ni ruidos en su funcionamiento. Al ser de un tamaño relativamente pequeño, ocupan un menor espacio en la vía pública, por lo que permiten una mejor convivencia”. La ordenanza Nº 10.110 (de fines de 2020) establece que deben circular por ciclovías o bicisendas. Esa red hoy cuenta con 205 kilómetros, agrega Manganelli.
Vehículos eléctricos: demanda sostenida
Agustín Liporaci, al frente de Next Electric, entró al rubro hace tres años y en 2025 abrió un negocio en el centro. En pocos días deja el local para mudarse a otro más amplio, no sólo porque incorporará una línea de motos eléctricas, sino por la demanda sostenida y creciente (al principio vendía más monopatines, ahora las bicicletas se pusieron a la par). Los clientes le comentan que se vuelcan a esta modalidad en detrimento del transporte público y del auto particular, para ahorrar en combustible, boletos y mantenimiento, y porque así resuelven de un modo práctico su vida cotidiana. “La gente no quiere esperar el colectivo y además quiere llegar a destino a tiempo. Con los monopatines y las bicicletas eléctricas manejás tus horarios. La mayoría los usa para ir y venir al trabajo, porque no transpiran”, cuenta el comerciante.
La tendencia es que los mayores de 40 años prefieren las bicis, de las que cada vez hay más variedad, y los jóvenes los monopatines, observa Liporaci. El rango de precio de las primeras arranca en 1,6 millones de pesos y el de los segundos en 800 mil pesos, es decir la mitad. Lo que sí tienen en común los unos y los otros es que son conducidos sobre todo de día, además de su peso relativamente liviano y la posibilidad de plegarlos, siempre según el modelo.
César Couselo compró su primer monopatín en 2024, a los 50 años. Desde entonces lo usa para ir a trabajar a seis kilómetros, en otra ciudad. “Vivo en Funes, a 20 cuadras de la ruta y a 25 de mis hijos. No hay colectivos internos, pero empezaron a pavimentar muchísimas calles así que el monopatín me resulta muy útil”, cuenta este diseñador gráfico que de lunes a viernes debe cumplir horario laboral en barrio Fisherton. El boleto del transporte interurbano que lo acerca hasta allí cuesta 2.700 pesos y pasa por la ruta, es decir que debería caminar unas 40 cuadras solo para llegar y volver de la parada, además de invertir unos cien mil pesos mensuales, destaca. En cambio, ya tiene presupuestado que cargar su dispositivo le insume unos 22 mil pesos.
Durante la semana se coloca el casco y sale, a las 7.30. Hace siempre el mismo recorrido, por calles internas, y sabe con exactitud cuándo arribará a destino, cuenta. Pero eso no es todo, porque de regreso, va y viene cuatro kilómetros para visitar a sus hijos y luego se traslada a un club funense donde dirige fútbol, todo de pie sobre dos ruedas. “La batería aguanta 24 kilómetros y trato de tenerla siempre cargada, por si se corta la luz. Ya llevo 5.588 kilómetros -dice con exactitud- y le habré hecho tres services, además de los arreglos de las cubiertas, porque se pinchan como las de las bicicletas”, reseña Couselo, que ya ubicó dos talleres dispuestos a realizar este tipo de reparaciones, algo no muy frecuente.
Liporaci confirma que en general los bicicleteros prefieren abstenerse de cambiar las cámaras de los monopatines por tratarse de artefactos eléctricos, aunque cree que la expansión del producto, la capacitación y la oportunidad de multiplicar los ingresos cambiarán paulatinamente el panorama. Mientras, su firma ofrece servicio posventa y repuestos (como aceleradores, baterías, y displays o pantallas), teniendo en cuenta que tanto vehículos como componentes son importados. “En la Argentina no se fabrica nada, a lo sumo algunos ensamblan”, aclara el comerciante. La mayoría vienen de China.
La micromovilidad eléctrica se presenta a tono con la época de apertura de importaciones, valoración de la libertad individual y del uso del tiempo, que parece estar siempre en falta y por lo tanto necesita ser aprovechado, maximizado, sobre todo por los trabajadores a partir de los 25 años, quienes se inclinan a invertir en estos dispositivos. “Muchas personas que trabajan para aplicaciones de delivery me han comprado bicicletas (eléctricas) porque a diferencia del monopatín tienen portaequipaje y las podés usar como una moto o de manera asistida, es decir que pedaleás y te ayudás con el motor”, explica Liporaci.
Qué dice la normativa
Igual que en el caso de las bicicletas (eléctricas y tradicionales), los monopatines no se patentan ni son bienes registrables, así que es imposible dimensionar la cantidad. Sí surgen obligaciones y derechos al momento de conducirlos: ser mayor de 18 años, circular con casco por la ciclovía allí donde exista esta infraestructura o si no por la calzada en la mano derecha y a una velocidad máxima de 25 kilómetros por hora, por ejemplo.
Además, y dado que se incorporaron al Código de Tránsito bajo la denominación de Dispositivos de Movilidad Personal (DMP), pueden ser controlados por inspectores en la vía pública, al igual que cualquier otro medio de transporte. En cuanto a la seguridad, se recomienda vestimenta visible y seguro de responsabilidad civil.
