Para el economista Fernando Marull, el tipo de cambio actual responde a un cambio claro en la dinámica de oferta y demanda. “En los últimos dos meses, y en especial en febrero, se acentuó la caída (del tipo de cambio) porque están entrando muchos dólares por el agro, por la minería, por el petróleo y también por colocaciones de deuda y préstamos de empresas. La oferta está muy fluida”, explicó.
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En contraposición, el especialista dejó en claro que, del lado de la demanda, el panorama también cambió. Según Marull, el “furor” por el dólar que se había visto antes de las elecciones se desinfló. “Después nos fuimos de vacaciones, aflojamos el pánico y cuando el dólar baja no salen todos desesperados a comprar”, sostuvo este jueves 26 de febrero en una entrevista por Radio Rivadavia.
A eso se suma un factor clave: las tasas de interés volvieron a competir con la dolarización. “Hace varias semanas que viene ganando el plazo fijo o las tasas frente al dólar”, remarcó.
El resultado es un mercado cambiario con más oferta y menos demanda. Para el economista, el nivel de $1.400 transmite un mensaje de “relativa estabilidad”. “Puede rebotar, como pasó esta semana, pero no parece que los drivers que lo están moviendo vayan a cambiar en el corto plazo”, afirmó.
Así, el escenario que describe el economista combina tres elementos: dólar estable en torno a $1.400, tasas en descenso y fuerte ingreso de divisas por exportaciones y financiamiento corporativo. Esa combinación, al menos en el corto plazo, no sugiere tensiones cambiarias inmediatas.
Sin embargo, el desafío de fondo sigue siendo el mismo: consolidar el equilibrio entre oferta y demanda sin restricciones artificiales y lograr que la baja de tasas se traduzca en mayor crédito productivo sin deteriorar la calidad de cartera.
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Para el economista, el mensaje del dólar actual es claro: “No parece que vaya a moverse mucho en el corto plazo”. Pero la sostenibilidad dependerá de cuánto se avance en la normalización del mercado y de que la abundancia de dólares del primer semestre se transforme en un ancla duradera y no en un alivio transitorio.
Tasas a la baja: señal para el crédito
El otro gran movimiento de la semana fue el de las tasas de interés. El call interbancario (la tasa que se prestan los bancos entre sí a un día) cayó del 42% anual el jueves pasado al 24% anual esta semana. Esa baja se trasladó a las LECAPS, que pasaron de rendir cerca de 2,8% mensual a 2,6%.
Marull interpreta el movimiento como una decisión deliberada del Gobierno de aflojar la presión monetaria. “Cuando en la última licitación no sacan tasa fija, le están diciendo al mercado: si querés tasa fija, salí a buscarla. Eso empujó las tasas para abajo”, señaló.
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Esa baja empieza a transmitirse al resto del sistema. Las tasas de adelanto en cuenta corriente, que estaban en torno al 43%, deberían empezar a corregirse. Lo mismo ocurre con los préstamos a empresas, que, según el economista, serán los primeros en reflejar la baja.
En el caso de los hipotecarios UVA, algunas entidades redujeron la tasa del 15% al 10%, aunque todavía se mantiene elevada. “UVA más 10% sigue siendo alto, pero el Banco Nación está en 6% y el resto va a tener que arbitrar”, explicó. En cambio, en préstamos personales la dinámica es más compleja: “Ahí hay un problema de mora. Las tasas estaban pensadas para otra inflación. La mora llegó al 20%, aunque representa solo 2% del PBI, no es un riesgo sistémico”.
¿Hay que levantar más restricciones?
Con un primer semestre que promete abundancia de divisas —cosecha gruesa, oro en niveles récord, exportaciones de litio y Vaca Muerta en expansión— Marull plantea que el momento es propicio para avanzar en la normalización del mercado.
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“La oferta entra toda libre, pero la demanda todavía está acotada. El mercado está medio desequilibrado”, advirtió. Por eso considera que sería razonable “terminar de levantar las restricciones que quedan”, aunque reconoce que el proceso ya está en marcha.
Un punto a tener en cuenta es que en abril comenzará a sentirse la demanda por giro de dividendos de empresas, luego de la flexibilización de esa restricción. Eso podría sumar presión del lado comprador, aunque el economista cree que la abundancia de dólares del complejo exportador compensará.
En este contexto, la acumulación de divisas por parte del Banco Central aparece como una consecuencia lógica. “Si hay más oferta que demanda, alguien tiene que comprar esos dólares, porque si no el tipo de cambio bajaría mucho más”, explicó Marull.
Con la cosecha entrando entre abril y mayo, anticipa que el BCRA podría acelerar las compras. “Con este esquema, el Banco Central va a seguir comprando”, sostuvo.
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