Su nombre científico es Tyto Alba, pero generalmente se las llama lechuza de campanario, lechuza campanaria o lechuza blanca. Y si bien son aves que habitan zonas rurales, lograron adaptarse a la vida urbana. En el centro de Rosario hay varias colonias de lechuzas que cumplen una función ecosistémica importante: controlar las poblaciones de roedores. Por eso, un proyecto impulsa la colocación de cajas nido que permitan su reproducción en las terrazas de los edificios de altura.
Las lechuzas de campanario son aves rapaces nativas presentes en toda la geografía argentina. No hay muchos estudios sobre cómo esta especie empezó a anidar en árboles y edificios en altura del centro de la ciudad. Pero su presencia empezó a hacerse visible durante la pandemia de coronavirus, cuando frente a la quietud humana, las especies silvestres cobraron protagonismo.
«El centro de Rosario tiene dos características que favorecen a esta especie: alimento disponible (ya que son aves cazadoras, principalmente de roedores) y edificios de altura, donde pueden anidar«, explica Franco Peruggino, responsable de Mundo Aparte, un predio dedicado a la recuperación y rehabilitación de diferentes especies de flora y fauna en peligro que funciona desde 2001 en un ex terreno ferroviario en Sorrento y Circunvalación.
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En ese lugar, un oasis verde en medio de la ciudad, comenzó a gestarse un proyecto del que participaron instituciones que brindan capacitación laboral, ambientalistas y profesionales de la Universidad Nacional de Rosario: el diseño, la construcción y la colocación de «casas nido» para las lechuzas campanario.
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No son mascotas
Las lechuzas campanario habitan todo el mundo. La especie se hizo famosa a partir de la saga de Harry Potter, ya que en la ficción eran las encargadas de llevar noticias en el mundo de los magos. Son aves silvestres, de hábitos nocturnos y silenciosos, que como muchas otras especies rapaces no construyen sus nidos, sino que crían a sus pichones en huecos de árboles o en construcciones abandonadas.
«No son mascotas», remarca Peruggino, pero reconoce que se adaptan muy bien a las características que les brinda la ciudad donde encuentran un buen clima, refugio y alimento. Por eso, asegura, en las terrazas de los edificios, sobre los tanques de agua, se les puede ofrecer un lugar seguro para que estas aves aniden en el ambiente urbano. «Tenemos que aprender a convivir con esta especie que realiza un excelente control de vectores, biológico y natural«, explica mientras despliega el instructivo para la ejecución e instalación de casas nido para lechuzas que desde esta semana está circulando en redes sociales.
Los primeros dos refugios construidos ya están instalados en el centro de recuperación y rehabilitación de animales silvestres, donde fueron adoptados por tres lechuzas que viven en el predio, a donde llegaron rescatadas de siniestros viales o del tráfico de fauna.
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Una idea con historia
Pero la idea llegó a Mundo Aparte mucho tiempo antes. En mayo pasado, miembros de la Asociación Mutual de Ayuda al Prójimo (Amap), una ONG que brinda talleres de capacitación laboral en barrios vulnerables, se acercaron a la entidad ambientalista para ofrecerle la posibilidad de trabajar en conjunto con sus alumnos de carpintería. «Nos preguntaron si necesitábamos algo construido en madera y nosotros les propusimos renovar los refugios de las lechuzas», recuerda.
A la iniciativa se sumó la facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario que propuso a sus alumnos de arquitectura y de diseño formar equipos para diseñar prototipos de vivienda para esta especie. Y organizaron un ideatón que denominaron «craneada salvaje», donde se presentaron siete ideas basadas en el conocimiento de la especie y de su hábitat.
La tercera pata del proyecto fue la cooperativa 61 que recicla pallets de madera. A mediados de año, los estudiantes de la facultad entregaron los planos, maquetas y cálculos para la construcción de los refugios. En total, los diseños fueron siete, entre los cuales docentes de la facultad, voluntarios de Mundo Aparte e integrantes de la cooperativa eligieron el que consideraron más apropiados.
Los refugios son unas cajas de madera recuperada, que cuentan con un balcón para que las aves puedan ingresar y un espacio más cerrado y oscuro para anidar. Peruggino destaca que «es la primera vez que los estudiantes de arquitectura piensan construir algo para un otro de otra especie». Para diseñar los nidos, continúa, «tuvieron que ponerse en lugar de la lechuza. Preguntarse, por ejemplo, como entro a casa si vuelo o en qué lugar puedo cuidar a mis pichones».
El resultado ganador, destaca, optimizaba los materiales y brindaba un buen espacio amplio y oscuro para anidar. Un detalle del gusto de las lechuzas que viven en la ciudad, donde aún de noche hay luz. Finalmente, en noviembre pasado, los alumnos del taller de carpintería de Amap pusieron manos a la marcha para construir los refugios que se instalaron en Mundo Aparte.
De Rosario y de exportación
Pero la iniciativa no quedó allí. En las últimas semanas, en las redes sociales se empezaron a difundir códigos Qr con las instrucciones para la construcción de los refugios. Y la iniciativa fue exitosa. «Bajaron el material de todos lados. Hasta se comunicaron entidades ambientalistas de varias ciudades de Chile pidiendo el proyecto», cuenta el alma máter de Mundo Aparte.
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Los nidos, señala, pueden instalarse en terrazas o lugares en altura, que no presenten riesgos de electrocución ni interacción con animales domésticos. Si alguna lechuza se instala en los refugios no hay que molestarla ni brindarle alimento, agrega. Esa es la mejor forma de cuidado.
«Si las ciudades crean condiciones adecuadas y lugares seguros, estos animales pueden adaptarse», señala Peruggino y afirma que hay muchas experiencias en otros países que fomentan esto. Sin ir más lejos, también hay antecedentes similares en la ciudad de Mendoza para el control de roedores.
Una iniciativa sostenible, ecológica y amigable con el medioambiente.
